¿Dolor? tú no sabes lo que es el dolor

¡Atención!

  Me subiría el cuello de la chupa como en los años 70, seguido de un contoneo de trasero típico del swing y para terminar, encendería un cigarro con el paquete de cerillas que tomé prestado en aquel bar de mala muerte.
Luego te miraría a esos ojos para dedicarte un sincero e inocente ‘no tienes puta idea’.
A expensas de quedarme calado por algún que otro argumento neoliberal clasista de estos que empalman el léxico de aquellos que leyeron a Orwell y Salinger y tenga que romperme el cuello para salir de la pesadilla, podría adelantar que la experiencia no concuerda con los agujeros de gusano que intentáis crear con el conocimiento extenso de vuestro maravilloso intelecto recreado en un universo social cada día más homogéneo y porque no decirlo, más idiota.
 Es como ese viejo ‘¡si, él tiene la culpa, cortadle la cabeza!’ y acto seguido todos gritan al unísono ¡qué le corten la cabeza!, pues esto en la sociedad pasa de forma demoledora.
Aquellos que buscan una cita para el médico en sus amigos, padres, amantes y flores.
Los mismos que extienden su dolor pero no se extienden con él ¿sabes por qué? porque realmente no lo han comprendido, el sufrimiento que experimenta alguien en sociedad es un velo, una manta de terciopelo comparada a la agonía que expresa éste cuando se siente como si fueras la única persona en el mundo sobre la que  desparramarlo sin medida.
Me hago una pregunta ¿hace más daño alguien herido, o alguien al que realmente no le han hecho mucho daño? ¿quién es más fuerte? vaya, eso son dos, pero puede que se unan en una sola respuesta.
Puede que aquellos que estamos llenos de cicatrices, remiendos emocionales y sentimentales parezcamos más insensibles, fríos y desanimados por la vida pero has de contemplar nuestros ojos cuando nadie los mira, es algo demoledor y fascinante.
 Vosotros, el sujeto omitido de la oración pasiva, los que no consideráis el infierno que llevamos dentro, con el que lidiamos y llevamos como si no pasara nada y nos lanzáis puñaladas desconsoladas por no encontrar consuelo a vuestro error.
Jamás podréis comprender al nivel que sentimos nuestra existencia y la de los que nos importan, como si fueran conexiones nerviosas que sufren con tan sólo recordarlas, en el ‘momentum‘ que nos perpetuamos y extendemos nuestros nocturnos gemidos acallados por el desgarro interno de todo lo que ya nunca podremos llegar a sentir.
Nosotros no somos insensibles, no causamos el daño que parece.
Somos como esa criatura herida que antes de morir te mira, se pone en pie y parece que fuera a devorar tu alma pero en realidad, lo cierto es que estamos tan heridos que cuando nos llega la muerte, pensamos que es otra batalla más que luchar mientras el pensamiento de aquellos que no conocen el dolor se ve reflejado en nuestros últimos movimientos antes de que se percaten que ellos vivirán en un recuerdo exhalado por su imperante ignorancia.
Buen día.
Sr.M

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