Semillas

Semillas

Mano alzada y corazón certero, que este no se rompe, pero desgasta con el tiempo.

Con la razón expuesta y el alma palpitando, los ojos se te pierden y la acabas buscando.
Tenemos muchas opciones, caminos y lugares para encerrar nuestros temores, tenemos motivos de peso para ser quienes somos, para actuar como actuamos, para juzgar como nos juzga el mundo, que duro y que áspero.
Se nutre desde lo más básico y se cuelga desde lo más alto, se rodea de duras capas para soportar y acoplarse, pero ellas de por sí no terminan la tarea.
Es algo complicado a veces, la circunstancia, el motivo, el móvil, el entorno. Un cúmulo de predeterminación, un código que determinará cuanto podrán expandirse sus raíces.
Por sus venas corre sabia marchita que enuncia; de lo más alto caerá una semilla.
Y si esta semilla termina por caer brotará de ella lo inevitable si se nutre.
Nutrir a la semilla es tan importante como la semilla en sí misma, la semilla será lo que le brindes y ella te otorgará en igualdad.

Es confusa la idea de ser alguien relevante, es incluso más ridículo si observamos el cielo cuando no hay nubes y quedamos embobados con el parpadear de las estrellas sobre nuestras diminutas cabezas danzantes en la noche.

Me gustaría poder decir de las semillas que todas nos aportan algo, pero hay semillas las cuales nutrimos sin darnos cuenta, hasta que se han ramificado tanto como un sistema nervioso en nuestro ser que empezamos a generar más semillas y se nos nubla la conciencia.
Una semilla recuerda el árbol del que procede, así pues no posee sus recuerdos, pero sabe como ha de crecer.
Si bien una persona no se define por sus recuerdos o su pasado, se puede definir por su conciencia, la cual se forja tras las experiencias que vivimos y esta es la que nutre nuestras semillas.

La semilla de la duda y la desconfianza, la semilla protectora del daño, la semilla del perdón, la de la ilusión, la de la decepción, de la intrusión.
La semilla que ocurre y que nunca más será, porque será conciencia verdadera y única de dos personas, algo que ningún otro árbol te podrá brindar en toda tu vida.

 Así pues, elige bien con quien compartes tus semillas, porque estas poblarán más tarde el árbol de tu conciencia.

Buen día.

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