puertas

Las Tres Puertas

Dolor

La criatura se encontraba aislada del resto, encerrada en una jaula de gruesos barrotes y dura piedra.

Días tan negros como pudiese recordar, alimentada con escorias y apaleada por diversión hasta que no más de un ojo le quedó. Para moverse había de arrastrar medio cuerpo. La explicación del porqué seguía vivo aquel cúmulo de desesperanza se tornaba misterioso incluso para su celador. 
Rara vez se le escuchaba más de un gruñido en mitad de la noche y si te acercabas te miraba con aquel ojo vacío, sin reflejo, como si supiera quien eres desde lo más profundo de tu alma.

No se sabe mucho de como se transformó en aquello, pero lo que si sabían es que debían mantenerlo encerrado y debilitado a cualquier precio, nadie sabe la locura que puede albergar una ruina de tal magnitud. Siempre en una esquina, observando aquello que no se pronuncia pero golpea incesantemente se convierte en compañero y enemigo de nuestra criatura.

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Ira

La encontraron entre llamas, el lugar más devastado del mundo y el hedor de la traición.

Ninguna fuerza pudo contenerla hasta que se marchó de aquel lugar, anulando cualquier lógica que se acercara a sus enormes pasos. La persiguieron intentando trazar un plan que sólo un coloso podría ejecutar. Mucho se debatió sobre si la desesperación de la criatura de la noche podría acabar con ella, pero no sabían exactamente si enfrentarlos conduciría a su finalidad o a un auténtico cataclismo. 

Era imposible detenerla, simplemente cada vez era más poderosa y no atendía a nada que pudieran concebir. Ante tal situación decidieron pues liberar a la criatura que habían encerrado en aquella oscuridad. Al hacerlo no se arrastró más, ni tan siquiera pudieron verla cuando el mismísimo cielo se rindió a ella. El mundo era ahora doblegado y enfrentado ante estos dos colosos.

Tristeza

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Crujieron las ramas de todo lo creado, precipitaron las esperanzas del mundo y fluyeron crepitando hacia el más terrible de los destinos. La criatura y su ojo sin reflejo, ella sin mesura ni temor se abalanzó con la fuerza de lo irracional. Ni todo el cielo en sus días más grises podría haber igualado aquel imponente y ensordecedor estruendo que dejó sin pulso al mundo. Como si hubiera muerto el planeta, el silencio fue el único que acudió a su entierro.
Ambas criaturas no podían mezclarse, ni tan solo enfrentarse cuando el dolor se convirtió en ira y la ira en dolor, una espiral que hizo sucumbir a cualquier mortal.

¿Cómo podría comprender el dolor la ira del mundo?
¿Cómo podría la ira no entender el dolor que causaba?

Es entonces cuando se rompieron los cielos de todo lugar conocido, la fuerza por ley, más fuerte del universo. Al llegar todo quedó tan cegado que infundió cierta tranquilidad.

Ella no tenía forma definida, era como el recuerdo borroso de todo aquello que pudieras o no haber vivido, el color de los sueños que nunca se hicieron realidad, los olores que jamás volverían a probar.

Una tercera criatura se había manifestado, atando de nuevo las raíces que hicieron crecer al mundo y su júbilo.

No fue la promesa del mundo, sino aquella criatura lo que confinó a la ira y el dolor que nadie supo contener ni comprender. El manto que cubre y deja ver, pero te encierra al mismo tiempo sin poder sentir aquello que la roza. El destino parece ser, creado desde lo incontrolable.

Puede que ahora ambas se unan a tristeza, porque no hay nadie que las contenga ni mucho menos perciba. Tal vez ambas precipitan y son atraídas por su enormidad, de nuevo almas encerradas en un breve instante... en eternidad.

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