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¿Envidia?

Entender ciertas cosas con lentitud puede compararse, alguna que otra vez, a saborear algo cuando te gusta lo suficiente.

Desde que tengo memoria, nunca he sentido eso a lo que llaman “envidia” nunca he conocido un motivo con masa para darle significado en mi mundo, aunque lo conociera de sobra.
Pero tras años de observar, creo que se gesta en mí algo que pudiera acercarse a eso que muchos sienten.

Me gustaría poder decir a voces que envidio a la gente con mala memoria, que puede seguir su camino sepultando todos esos recuerdos que en mí quedan tan grabados que al mirarme la piel, puedo incluso olerlos.

Podría envidiar también la ignorancia que se necesita para curarse en sociedad de los tormentos que asaltan a una mente que piensa demasiado en soledad.

Otra de esas cosas que siempre me he fijado es como la gente acepta e inserta bazofia en sus mentes, llega por la televisión, comentarios y argumentos que son buena carnada en discusiones triviales.

Me gustaría poder envidiar a la gente que vive rápido, que sabe estar en el instante sin que su mente se volatilice en mil pedazos de realidad distintos y poder saborear cada uno de los tonos que se me ofrecen, pero por desgracia, algunos tenemos la condena de precipitarnos al mundo que hemos ido creando sin cesar desde que nuestra memoria comenzó a sentir.

Y esas manos, esas que tocan como si fueras algo único y especial y al poco tiempo le cuentan lo mismo a otro rostro. Esas que no recuerdan el tacto de la piel que le ofrecieron, las que no reparan en sentir la humedad de una lágrima inmersa en un supuesto “único”. Las que se distancian sin tener cicatriz y repiten historias que nunca fueron escritas por estas, repetidas y calcadas por alguien que no puede ni comprender lo que hace con ellas.

Las envidio, sin duda.

Lo cierto es, que sin darme cuenta he envidiado a la gente estúpida desde una edad temprana, siempre quise ser como ellos, sentir y actuar como ellos. Poder despertar sin preocuparme de esa realidad que me haría andar mirando mis propios pasos, porque eran los únicos compañeros de mi viaje.

Que estúpido ¿no? un idiota envidiando a la estupidez.

Supongo que esa fue mi manera de pasar por esos avernos, que a día de hoy soy yo quien los termina creando. Autodestrucción lo llaman.

Tras estos años me hice una pregunta y es que ¿cómo de jodido ha de estar el mundo, para que alguien desee ser estúpido y así dejar de sufrir? la respuesta viene cuando te das de bruces con todo lo que has sido ¿en serio quieres borrar todo aquello y aceptar esa derrota?

No, definitivamente la envidia es algo que no estuvo en mí y ha hecho que a día de hoy pueda liberarme, dejar de aparentar el absurdo, eludir el conocimiento porque duele saber, conocer más es horrible si no se sabe aplicar.

Hace tiempo lo dije, no somos quienes decidimos ser, sino la consecuencia inevitable e ineludible de nuestras acciones.

Y es por ello que sacaré de mí todo aquello que estuve guardando por miedo, por inseguridad e incertidumbre a no ser aceptado.

Ciertamente, a lo que más envidio en este maravilloso universo es la posibilidad, aquella en la que creo y al tipo que conoceré en un futuro.

A ese si que voy a envidiarle.

Buen día.

 

Carta al Suicida

 

“¿Y sabes de lo que me doy cuenta?
la ignorancia es la felicidad”

∑Con su carta al suicida

Luego vendrán, con sus caras tristes, con sus pésames.
Con las botas sucias uniendo los brazos con la espalda.
Todo tipo de peripecias que ha de enfrentar un humano, cuando el dolor del otro os une por consecuencia irremediable.

Y dedicarán su valioso tiempo a mi funeral, a cuestionarse a sí mismo ¿cómo no supimos verlo? ¿cómo no pudimos ayudarlo? ¿por qué lo hizo?

No buscamos ¿la felicidad?
Claro, por eso no somos capaces de observar, sentir y extendernos con el sufrimiento de otros, el mundo no te enseña a eso, todo lo contrario, si eres un ser que sufre eres total y absolutamente disfuncional ¿te has dado cuenta?Muchos estarán a favor de la eutanasia, porque es mejor no sufrir en esas condiciones ¿cierto? Condiciones medibles y observables que no requieren de mucho esfuerzo para ser consciente de ellas.

 

Pero que pasa si te digo, que la mente puede acabarlo todo, que es el principio y el fin de lo que conoces “el cuerpo no puede vivir sin la mente” ¿comprendes lo jodidamente genial que es eso?

 Probablemente no, tal vez tú, el suicida que murió hace tiempo en mi mente sea el único que vaya a leer esto realmente. A no ser que resucitara y le diera por hacerse escuchar, calmar los siete mares y provocar alguna que otra situación de hipocresía en masa.

Estoy de luto por la ausencia de esta en mi vida, de verdad. Es horrible ser una persona con personalidad, con principios y un sentido demasiado agudo para la verdad.

 Te alejas del mundo, queriendo o no, y lo único que deseas es seguir a la deriva, ser un náufrago con esperanza en lo profundo del mar hasta ver que no resta nada más, a la vista ya no habrá nada que ocultar.
 
Sinceramente, este mundo es un lugar horrible. La gente cada día es más, muchísimo más idiota. De verdad, lo juro. ¿Por qué? no sé. Quieren que seamos idiotas. Observa, yo también sé ser idiota y decir cosas porque sí. Pues eso ocurre todo el tiempo, en todos los lugares, a todas horas. Es asfixiante.
 

A mí me dijeron que surfeara la vida, así como si fuera algo divertido y emocionante, mientras que lo único que siento es un empuje irrefrenable, una palabra soez y salada con gotero intacto cada vez que nadie me ve. Será la maldita luz, yo que sé.

 

Pero ¡bah! que más da, si luego enfundarán sus trajes, olfatearán sus colonias y mirarán en el espejo su discurso. La ignorancia, la hipocresía y lo turbio del ser que por distintas razones, se marchó antes de ser comprendido.

¿O tal vez si que hubo alguien?

Anyway, tengo una deuda con un niño que hace unos veinte años se quedó mirando, sobre las escaleras de su patio, al infinito y sus posibilidades. Y si ese niño estuviera hoy aquí podría decirte que no dejes de pensarlo, tampoco lo olvides, sino sé consciente del porqué. Recuérdalo.

Recuerda lo que le ha costado pasar por todo eso, él confiaba en ti, y tú le hiciste una promesa. Sabes que no me invento nada, es la verdad. Aunque duela, él se lo merece y tú también porque fuiste capaz de verlo sin que nadie te ayudase. 

Hay un lugar para nosotros, ya sea en esta vida, o cualquier otra que decidamos vivir.

 

Buena suerte.