El tiempo: tercer asalto

El tiempo… si

Lo siento como un velo que lo envuelve todo, puedo ver su forma, el color que toman las cosas si te fijas y miras tras sus poros.

Debemos tener en cuenta, siempre, el hecho de estar en un sitio, con alguien. Cualquier cosa que hagas tendrá su peso, tal vez creas que eres tú el que decide lo importante que es, pero te equivocas, siempre te equivocas.

Él no necesita confirmarse, somos nosotros los necios que lo ignoramos, desechamos y vulgarizamos como si no pasara o hubiera pasado nada.

Pero te lo puedo asegurar, se extiende cada vez que te atreves a posar tu mirada en algo, probar con tu piel cualquiera de los sentidos extraños que puedas encontrarte, ya estés o no en desventaja es cosa vuestra, no de él.

Así pues os aconsejo empezad a valorar el tiempo que otros os dedican u os han dedicado, porque él no necesita hacerlo, en absoluto.

Puede que resulte absurdo, puede que realmente alguien pueda comprenderme pero si aún no me crees puedes hacer la prueba. Estás todo el rato rodeado por moléculas invisibles a tu vista, a tu tacto.

¿Pero qué ocurre cuando aumentamos la velocidad, lo sientes, no?

Él hace exactamente eso. Puede hacerte sentir vivo si empiezas a correr y reparas en sentir todas esas cosas que no podías ver antes por estar demasiado parado.

Puedo apreciar cada centímetro que me han dedicado, ya sean buenos o malos. Me han hecho llegar hasta aquí, a ser quien soy por mucho que me guste, o no.

Somos consecuencia inevitable, ineludible. Recuerdos aprisionados por el suave y temeroso paso del velo que termina por cubrirlo todo.

Yo seguiré pensando en cada persona que dejó algo de su tiempo en mí, bueno o malo, eso no tiene sentido alguno. El tiempo no es bueno ni malo, todo depende de tu elección y donde quieras posicionarlo.

En ocasiones, me permito encerrarme en mi habitación, dentro de mi habitación y con su permiso, tomo prestada una fracción, la dejo estática en una sonrisa, un beso, mi primer día de instituto o en mi primer amor. Tenemos la capacidad para quedarnos ahí o seguir creando fracciones del mismo, porque cada acto, cada rato, conversación y acción tienen su consecuencia irremediable en absolutamente todo lo que tocas y se nos olvida lo poderoso que puede llegar a ser eso. Por eso, la mayoría extiende una misma fracción a lo largo de su vida, copiar y pegar.

Si alguna vez en la vida, alguien tiene en consideración estas palabras, que espero ser yo principalmente; sepa usted que está creando una de esas fracciones y puedes hacer con ella lo que quieras, eso no le importa al tiempo.

Así que recuerda, siempre está ahí, en cada poro por el que lo dejamos pasar.

Carta al Suicida

 

“¿Y sabes de lo que me doy cuenta?
la ignorancia es la felicidad”

∑Con su carta al suicida

Luego vendrán, con sus caras tristes, con sus pésames.
Con las botas sucias uniendo los brazos con la espalda.
Todo tipo de peripecias que ha de enfrentar un humano, cuando el dolor del otro os une por consecuencia irremediable.

Y dedicarán su valioso tiempo a mi funeral, a cuestionarse a sí mismo ¿cómo no supimos verlo? ¿cómo no pudimos ayudarlo? ¿por qué lo hizo?

No buscamos ¿la felicidad?
Claro, por eso no somos capaces de observar, sentir y extendernos con el sufrimiento de otros, el mundo no te enseña a eso, todo lo contrario, si eres un ser que sufre eres total y absolutamente disfuncional ¿te has dado cuenta?Muchos estarán a favor de la eutanasia, porque es mejor no sufrir en esas condiciones ¿cierto? Condiciones medibles y observables que no requieren de mucho esfuerzo para ser consciente de ellas.

 

Pero que pasa si te digo, que la mente puede acabarlo todo, que es el principio y el fin de lo que conoces “el cuerpo no puede vivir sin la mente” ¿comprendes lo jodidamente genial que es eso?

 Probablemente no, tal vez tú, el suicida que murió hace tiempo en mi mente sea el único que vaya a leer esto realmente. A no ser que resucitara y le diera por hacerse escuchar, calmar los siete mares y provocar alguna que otra situación de hipocresía en masa.

Estoy de luto por la ausencia de esta en mi vida, de verdad. Es horrible ser una persona con personalidad, con principios y un sentido demasiado agudo para la verdad.

 Te alejas del mundo, queriendo o no, y lo único que deseas es seguir a la deriva, ser un náufrago con esperanza en lo profundo del mar hasta ver que no resta nada más, a la vista ya no habrá nada que ocultar.
 
Sinceramente, este mundo es un lugar horrible. La gente cada día es más, muchísimo más idiota. De verdad, lo juro. ¿Por qué? no sé. Quieren que seamos idiotas. Observa, yo también sé ser idiota y decir cosas porque sí. Pues eso ocurre todo el tiempo, en todos los lugares, a todas horas. Es asfixiante.
 

A mí me dijeron que surfeara la vida, así como si fuera algo divertido y emocionante, mientras que lo único que siento es un empuje irrefrenable, una palabra soez y salada con gotero intacto cada vez que nadie me ve. Será la maldita luz, yo que sé.

 

Pero ¡bah! que más da, si luego enfundarán sus trajes, olfatearán sus colonias y mirarán en el espejo su discurso. La ignorancia, la hipocresía y lo turbio del ser que por distintas razones, se marchó antes de ser comprendido.

¿O tal vez si que hubo alguien?

Anyway, tengo una deuda con un niño que hace unos veinte años se quedó mirando, sobre las escaleras de su patio, al infinito y sus posibilidades. Y si ese niño estuviera hoy aquí podría decirte que no dejes de pensarlo, tampoco lo olvides, sino sé consciente del porqué. Recuérdalo.

Recuerda lo que le ha costado pasar por todo eso, él confiaba en ti, y tú le hiciste una promesa. Sabes que no me invento nada, es la verdad. Aunque duela, él se lo merece y tú también porque fuiste capaz de verlo sin que nadie te ayudase. 

Hay un lugar para nosotros, ya sea en esta vida, o cualquier otra que decidamos vivir.

 

Buena suerte.

Soy tan yo, que me vuelvo un tú