Villano

 

 

Toda buena historia tiene uno ¿verdad?

Me he pasado la vida, pensando que era el bueno de mi propia película, pero con los años uno se percata de eso, es tan solo una película que te montas en la cabeza, para ti y nadie más.

Hasta que llega el día en el que hieres, te das cuenta del daño, es real y lo estás haciendo tú, al mundo. Complicado darse cuenta de ello, la perspectiva se adquiere caminando por la cuarta dimensión, cuanto más andes más rápido llegará. Y ha llegado, el día en el que me convertí en villano, el lugar de mis siniestras acciones, mis sentimientos desbordados, no había ancla que domara a ese barco, iba directo a estrellarse.

Y lo hizo.

Tantos años sufriendo por pensar que era el bueno y al final, te das de bruces con la realidad “no todos estamos hechos para ser buenos”.
Reprimiendo ese aquel, un yo que enterré por miedo, porque prefería no ser eso.
Y de forma repentina, decido caer en mi “black hole” y descubro que es lo que me completa, forma parte de mí, ese ser malvado, el villano terrible de película que solo quiere ver como sufren sin un “porqué”. Sería divertido pensar que esa parte ocupara todo mi ser, pero para decepción de nadie, a parte de mí, puedo escribirme y decirme que tal cosa no es así. Aquí no gana ni pierde nadie, estaba esperando una respuesta de mí mismo, hasta que he admitido mi culpa, mi delirio, mis pecados capitales y el daño que hice directo al corazón de a quienes más quiero. Una forma un tanto extraña de querer, pero he de aceptar lo que soy, y quien camine a mi lado, también.

No tuve un sueño en el que pudiera herir a nadie, nunca tenía fuerza, siempre me quedaba a la mitad o mis golpes no hacían nada, pero de la noche a la noche más oscura descubro que al aceptar, desatar y cortar las cadenas de aquel yo que estaba negando, adquiero el control, tengo la fuerza y el impacto es definitivo.

Negarse a uno mismo porque pensaba que así combatía a mis demonios fue la forma más estúpida de estar sumiso a sus órdenes. Negar lo que uno es en toda su complejidad es derrotarse desde el primer momento ¿cómo iba a tener fuerza? ahora lo sé.

Unas veces se es el bueno, y otras el villano. La vida se nutre de lo que está muerto o vivo, le es indiferente. Toma lo que necesita para seguir.

De mí han tomado más de lo que yo quisiera, pero que sería de mí si no estuviera planteando a cada instante lo que soy, si no decidiera que tengo memoria y recuerdo un día tras otro el dolor, la espina y la lanza que acabó con esa parte de mí. Porque tenía que aceptar la otra, emerger y no esconderme bajo ese “SrMuerto” y mostrarlo de una maldita vez.

Seré olvidado por todos aquellos que tengan una vida interesante, me recordarán los que vean consumir sus últimos años de vida e intentaré ser un buen personaje en esta jodida historia que nos ha tocado encarnar.

Pero lo más importante es no olvidarse de todo aquello que nos ha ido moldeando, si estás bien con ello adelante y si no, busca otras cosas que puedan darte forma, porque siempre es igual, todo depende de una simple elección.

Y mientras esté vivo seguiré viendo a la misma persona en ese momento “estrechocontrapuesto”, en el jodido lugar más alto del mundo, siendo un héroe o un condenado villano.

Pero tendré una historia y eso es lo único que me importa.

¿Envidia?

Entender ciertas cosas con lentitud puede compararse, alguna que otra vez, a saborear algo cuando te gusta lo suficiente.

Desde que tengo memoria, nunca he sentido eso a lo que llaman “envidia” nunca he conocido un motivo con masa para darle significado en mi mundo, aunque lo conociera de sobra.
Pero tras años de observar, creo que se gesta en mí algo que pudiera acercarse a eso que muchos sienten.

Me gustaría poder decir a voces que envidio a la gente con mala memoria, que puede seguir su camino sepultando todos esos recuerdos que en mí quedan tan grabados que al mirarme la piel, puedo incluso olerlos.

Podría envidiar también la ignorancia que se necesita para curarse en sociedad de los tormentos que asaltan a una mente que piensa demasiado en soledad.

Otra de esas cosas que siempre me he fijado es como la gente acepta e inserta bazofia en sus mentes, llega por la televisión, comentarios y argumentos que son buena carnada en discusiones triviales.

Me gustaría poder envidiar a la gente que vive rápido, que sabe estar en el instante sin que su mente se volatilice en mil pedazos de realidad distintos y poder saborear cada uno de los tonos que se me ofrecen, pero por desgracia, algunos tenemos la condena de precipitarnos al mundo que hemos ido creando sin cesar desde que nuestra memoria comenzó a sentir.

Y esas manos, esas que tocan como si fueras algo único y especial y al poco tiempo le cuentan lo mismo a otro rostro. Esas que no recuerdan el tacto de la piel que le ofrecieron, las que no reparan en sentir la humedad de una lágrima inmersa en un supuesto “único”. Las que se distancian sin tener cicatriz y repiten historias que nunca fueron escritas por estas, repetidas y calcadas por alguien que no puede ni comprender lo que hace con ellas.

Las envidio, sin duda.

Lo cierto es, que sin darme cuenta he envidiado a la gente estúpida desde una edad temprana, siempre quise ser como ellos, sentir y actuar como ellos. Poder despertar sin preocuparme de esa realidad que me haría andar mirando mis propios pasos, porque eran los únicos compañeros de mi viaje.

Que estúpido ¿no? un idiota envidiando a la estupidez.

Supongo que esa fue mi manera de pasar por esos avernos, que a día de hoy soy yo quien los termina creando. Autodestrucción lo llaman.

Tras estos años me hice una pregunta y es que ¿cómo de jodido ha de estar el mundo, para que alguien desee ser estúpido y así dejar de sufrir? la respuesta viene cuando te das de bruces con todo lo que has sido ¿en serio quieres borrar todo aquello y aceptar esa derrota?

No, definitivamente la envidia es algo que no estuvo en mí y ha hecho que a día de hoy pueda liberarme, dejar de aparentar el absurdo, eludir el conocimiento porque duele saber, conocer más es horrible si no se sabe aplicar.

Hace tiempo lo dije, no somos quienes decidimos ser, sino la consecuencia inevitable e ineludible de nuestras acciones.

Y es por ello que sacaré de mí todo aquello que estuve guardando por miedo, por inseguridad e incertidumbre a no ser aceptado.

Ciertamente, a lo que más envidio en este maravilloso universo es la posibilidad, aquella en la que creo y al tipo que conoceré en un futuro.

A ese si que voy a envidiarle.

Buen día.

 

Soy tan yo, que me vuelvo un tú